Camión de transporte con caja basculante en las instalaciones de Feralmansa
Camión de transporte con caja basculante en las instalaciones de Feralmansa

6 estrategias para una logística más sostenible

Seis estrategias para una logística más sostenible y eficiente: rutas, flota, embalaje y gestión de los residuos de la cadena de suministro.

La logística es una de las pocas partidas donde una empresa puede recortar coste y huella de carbono con la misma decisión: casi todo lo que sobra en un transporte —un kilómetro de más, un camión a media carga, un viaje de vuelta en vacío— se paga dos veces, en gasóleo y en emisiones.

Estas son seis estrategias que funcionan en operaciones reales, con lo que hace falta para ponerlas en marcha y cómo saber si están dando resultado.

1. Optimización de rutas

Planificar la ruta no es solo elegir el camino más corto. Es agrupar las entregas por zonas, respetar las ventanas horarias de cada cliente, esquivar las horas punta en los accesos a los polígonos y encadenar los servicios de forma que cada salida aproveche el recorrido completo.

Con un volumen pequeño basta con planificar la semana en un mapa y agrupar por zonas. A partir de cierto número de servicios diarios compensa un software de ruteo que tenga en cuenta capacidad del vehículo, restricciones de acceso y tiempos de descarga. El indicador que hay que vigilar es sencillo: kilómetros recorridos por tonelada transportada o por servicio realizado.

2. Flota eficiente y bien mantenida

Un vehículo moderno consume menos, pero la diferencia entre una flota eficiente y una que no lo es rara vez está solo en la edad de los camiones. Está en el mantenimiento preventivo, en la presión de los neumáticos, en dimensionar el vehículo al servicio —no sacar un camión grande para un porte que cabe en uno pequeño— y en la conducción.

La formación en conducción eficiente es la medida con mejor relación coste-resultado de toda la lista: no requiere inversión en activos y reduce el consumo de forma medible desde el primer mes.

3. Consolidación de cargas

Cada viaje a media carga es un viaje que se paga entero. Agrupar pedidos de varios clientes de la misma zona, coordinar las entregas con los proveedores para que lleguen completas y trabajar con palet completo siempre que sea posible reduce el número de salidas sin reducir el servicio.

El indicador aquí es el factor de carga: qué porcentaje de la capacidad del vehículo va realmente ocupado en cada salida. Es el dato que más rápido revela dónde se está perdiendo dinero.

4. Embalaje sostenible

El embalaje afecta a la logística por dos vías. La primera es el volumen: un embalaje sobredimensionado transporta aire y obliga a más viajes. La segunda es el residuo que genera al final del trayecto, que hay que segregar, almacenar y entregar a un gestor autorizado.

Materiales reciclables o reutilizables, embalaje retornable en rutas fijas y un diseño ajustado al producto reducen las dos cosas a la vez. Conviene además tener claro qué obligaciones de responsabilidad ampliada del productor afectan a tus envases comerciales e industriales, porque la normativa de envases se ha endurecido de forma notable.

5. Tecnología de seguimiento y control

La telemetría de flota deja de ser un gasto en cuanto se usan los datos que genera. Consumo por vehículo y por conductor, tiempos de parada, kilómetros en vacío, velocidad media: son los números que permiten decidir dónde intervenir en lugar de suponerlo.

A eso se suma la digitalización documental. En el transporte de residuos, tramitar los documentos de identificación de forma electrónica ahorra tiempo administrativo y, sobre todo, elimina el riesgo de que falte un papel cuando llega una inspección o una auditoría.

6. Colaboración y reducción de trayectos en vacío

El retorno en vacío es el mayor desperdicio estructural del transporte por carretera. Reducirlo casi nunca depende de la tecnología, sino de acuerdos: buscar carga de retorno, coordinarse con otras empresas de la zona que hagan el trayecto inverso o combinar la entrega de material con la recogida de otra cosa en el mismo viaje.

La logística inversa: el viaje de vuelta que casi nadie planifica

Ese último punto tiene una aplicación directa que muchas empresas industriales pasan por alto: el camión que entrega material puede volver cargado con los residuos, los recortes o la chatarra que genera la propia actividad. En lugar de dos operaciones —una entrega de ida y una recogida contratada aparte—, se convierte en un solo movimiento.

Es la lógica con la que trabajamos en Feralmansa. Combinamos la gestión integral de residuos con la compra y venta de chatarra y metales y el suministro de áridos, de forma que un mismo trayecto puede llevar material a obra y retirar residuo en el retorno. Menos kilómetros en vacío para nosotros y una operación menos que coordinar para el cliente.

Además, los metales que se recuperan por esta vía vuelven al circuito productivo: reciclar acero o aluminio consume una fracción de la energía que hace falta para producirlos desde mineral, así que el ahorro no se queda en el transporte.

Cómo medir si tu logística está mejorando

Sin indicadores, «logística sostenible» se queda en una declaración de intenciones. Cuatro métricas bastan para empezar:

  • Litros de combustible por cada 100 km, desglosado por vehículo y por conductor. Es el indicador que antes reacciona a la formación en conducción eficiente.

  • Kilómetros por tonelada transportada. Mide la eficiencia real de la planificación, no solo la distancia total.

  • Factor de carga medio. El porcentaje de capacidad ocupada en cada salida.

  • Porcentaje de kilómetros en vacío. El más incómodo de mirar y el que más margen de mejora suele esconder.

Si tu empresa tiene un sistema de gestión ambiental certificado, estos indicadores encajan directamente como objetivos ambientales medibles y te sirven de evidencia en la auditoría.

Preguntas frecuentes sobre logística sostenible

¿Una logística más sostenible sale más cara?

Las medidas de esta lista que más impacto tienen —planificar mejor las rutas, llenar los camiones, reducir los retornos en vacío y formar a los conductores— reducen el coste operativo desde el primer mes. La inversión aparece cuando se renueva flota, y ahí el retorno se calcula a varios años.

¿Por dónde conviene empezar?

Por medir. Antes de cambiar nada, hace falta saber cuántos kilómetros se hacen en vacío y cuál es el factor de carga real. Casi siempre la primera sorpresa ya señala dónde está el problema.

¿Qué papel juegan los residuos en la huella de la cadena de suministro?

Uno mayor del que parece. Cada residuo mal segregado acaba en un tratamiento peor y más caro, y cada recogida no planificada es un viaje adicional. Segregar bien en origen y agrupar las retiradas reduce las dos cosas.

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